Hay películas que si no fuera por internet, nunca llegaríamos a ver. La pésima línea de distribución que parte de Hollywood está ahogando al cine en todo el mundo, centralizado en las producciones cargadas de comedias tontas y violencias varias y tontas, también.

Uno de los ejemplos más nuevos de lo que señalo es Catfight, un filme norteamericano independiente del 2016, dirigido por el norteamericano de origen turco Onur Tukel, director muy conocido en el ambiente de cine independiente de Nueva York, quien también la escribió.

No sabría cómo catalogarla. Puede ser una comedia negra, un esperpento, un drama encubierto, una denuncia de muchos males actuales, un decálogo de riñas y disputas femeninas frente a la pantalla, en tanto las masculinas están centradas en un viejo televisor desde donde un locutor anodino cuenta los avances y retrocesos de la guerra en el Golfo, acto que siempre termina (a lo largo de los años) en un show de pedos (tal cual) hecho por un extra.

Pero lo central está en la enemistad de dos mujeres que fueron compañeras universitarias y que un día, luego de mucho tiempo, se encuentran de casualidad en un cumpleaños. Una es una alcohólica esposa de un multimillonario que alardea de un contrato recién firmado, por el cual su empresa estará encargada de limpiar todo lo que quede en los campos de la guerra, en tanto la otra, una pintora enojada con el sistema y pobre, tiene que cubrir su economía haciendo de moza.

La hipocresía de la primera, sintiéndose superior desata la ira de la segunda, que en un descanso de una escalera se trenza a trompada limpia con la millonaria. Esta no se queda atrás. Eso deriva en una de las escenas más violentas que he visto (y que se repite luego varias veces en distintas circunstancias)

El resultado en que la esposa del empresario cae en coma durante dos años y descubre que su marido murió, su hijo también (en la guerra) y no tiene un peso.

Ahora convertida en camarera de un hotel, pasa un día por un vernissage y encuentra a la pintora pobre transformada en famosa y reconocida plástica.

Y entonces, se retoma la violencia entre las dos, a trompada limpia en medio de los invitados.

Lo que sigue es mejor no contarlo, pero marca una estupenda película para reflexionar, para reír, para quedar en silencio.

Arriesgadísima actuación de Sandra Oh, conocida por estar en la serie Anatomía de Grey, y de Anna Heche, con abundante filmografía y series de televisión, además de su programa de entrevistas.

Como ocurre en estas producciones independientes, hay un grupo de actores que se prestan a hacer cameos, y que por contrato no figuran con sus nombres. El más destacado es Steve Farrell, pero hay otros como por ejemplo, Dylan Baker en papeles de apenas unos segundos. También están Alicia Silverstone, Ivana Milicevic y un largo etcétera.

La fotografía, también es uno de los puntos altos de esta película, y estuvo dirigida por Zoe White

Sintetizando, búsquela en internet, porque imposible hallarla en alguna sala de cine.

Tendrá que tener un estómago fuerte dado que la violencia de la lucha de gatos entre esas dos mujeres, no da tregua, lo cual habla también de una crítica a la llamada violencia de género.

Pero no les lo único que aparece como denuncia. También, lateral y sutilmente aparecen mensajes que son dardos envenenados.

La tía de una de las protagonistas, vive en una casa apartada del mundo. Los árboles que abundan alrededor tienen nombres propios. Uno de ellos se llama Hillary porque es fuerte pero no se puede confiar en ella, y otro Donald, un imbécil.

La guerra que tanto beneficia a los empresarios termina matándolos y también a sus hijos.

Las dos mujeres, en un cruel sube y baja, cambian alternadamente de status social, y eso las motiva a enfrentarse una y otra vez a los tortazos.

Una de ellas, lesbiana recibe el esperma de un hombre y queda embarazada. Sin embargo, una de las peleas le hace perder el futuro niño, y su amiga al tiempo aparece con un hijo de un compañero, esta vez, varón.

La despreciada y aparentemente torpe ayudante de la pintora, en una de las vueltas de la vida, termina siendo famosa dibujante de comics, y edita un libro para niños con un personaje inventado por ella, en tanto su jefa acaba en la calle, luego de haber sido asediada por los mejores críticos de arte.

Vale la pena verla. Eso sí, cuidado. No es una simple comedia liviana.

 

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